Con motivo del Día de la Etnia Negra Nacional, establecido mediante la Ley 9 del 30 de mayo de 2000, se llevó a cabo una enriquecedora jornada cultural en la que se destacó la importancia de las trenzas africanas como símbolo de resistencia, identidad y herencia espiritual de los pueblos afrodescendientes.
La actividad, organizada en el Instituto Panameño de Habilitación Especial, incluyó una serie de presentaciones y reflexiones sobre el significado ancestral de estas prácticas estéticas. En la celebración también se realizó un concurso de trenzas, turbantes y kufis entre los colaboradores administrativos, cuyo objetivo fue valorar y promover la cultura afrodescendiente dentro de la institución.
El premio a la mejor trenza fue para la licenciada Maritza Rodríguez, de la Oficina de Recursos Humanos; mientras que el galardón al mejor turbante lo recibió la señora Diana Asprilla, de Planillas. Finalmente, el señor Adolfo Amores, del Departamento de Compras, se alzó con el premio al mejor kufi.
Durante su exposición, el sacerdote de la Comunidad Rastafari, Jah Eric Tafari Moses, subrayó que hablar de “canrroles” o trenzas africanas no es solo referirse a una práctica estética, sino a un símbolo de resiliencia, espiritualidad, conexión energética y divinidad; elementos que configuran una cosmovisión profunda y milenaria de las culturas originarias del África.
“El cabello es un lenguaje en África, un código que transmite valores, jerarquías, estados espirituales y vínculos familiares dentro de las etnias. Cada hebra es una antena que permite a la persona conectarse con su energía vital y con sus ancestros”, afirmó el sacerdote Moses. También explicó cómo, durante la esclavitud, las trenzas se convirtieron en mapas secretos y herramientas de liberación, usadas por los esclavizados para trazar rutas de escape hacia la libertad.
La charla abordó, además, aspectos históricos como la fractura de los grandes reinos africanos, la Conferencia de Berlín de 1884 —que marcó la repartición de África entre potencias coloniales— y cómo estos eventos fragmentaron culturas, lenguas y estructuras sociales enteras.
El ponente mencionó la figura del “judío negro” proveniente del Sudán, tierra de Cus, y explicó cómo la melanina, el clima y la exposición solar influyeron en el origen del color de la piel negra, lejos de prejuicios, como una adaptación biológica y poderosa.
En cuanto a la situación actual, señaló cómo el racismo estructural sigue afectando desproporcionadamente a las poblaciones afrodescendientes e indígenas, evidenciado en los altos índices de personas negras en las cárceles, los embarazos adolescentes y el rezago escolar. Llamó a promover un proceso de despertar, autoidentificación y autoreconocimiento, necesario para dignificar la afrodescendencia.
“La etnia negra ha contribuido a la construcción de la panameñidad no solo desde la fuerza física en el Canal, sino desde su alma: música, lenguaje, gastronomía, espiritualidad y resistencia. Es tiempo de visibilizar su legado y desmontar los estigmas heredados de la colonización”, concluyó.
La charla también destacó la importancia de revalorizar la jerga afroantillana como parte de una riqueza lingüística nacional y reconocer el aporte innegable de los procesos afrodescendientes en la historia y cultura de Panamá.
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